5 lecciones de Elon Musk sobre la biografía de Benjamin Franklin

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El emprendedor Elon Musk se ha vuelto famoso por sus innovaciones e invenciones, y por ser fundador de empresas como Tesla Motors, PayPal, SpaceX, SolarCity y ahora Neuralink, una iniciativa enfocada en el desarrollo de un implante que le permita al cerebro humano comunicarse con dispositivos tecnológicos. Musk reveló en una entrevista que la clave de su éxito está en la cantidad de libros que ha leído a lo largo de su vida. Entre todos, resalta uno como su favorito: Benjamin Franklin: An American Life, escrito por Walter Isaacson. La biografía del Padre Fundador lo inspiró y le enseñó cinco lecciones que lo formaron como emprendedor.

Isaacson publicó este libro en 2003 y desde entonces se ha mantenido como una de las biografías de referencia sobre Franklin, gracias al retrato que hace de un hombre que fue, al mismo tiempo, impresor, científico, diplomático y político. Esa mezcla de oficios es justamente lo que parece haber conectado con Musk: la idea de que una sola persona puede moverse entre disciplinas distintas sin quedarse encerrada en una.

1. Puedes enseñarte a ti mismo habilidades difíciles

Cuando Franklin se mudó de Boston a Filadelfia y empezó a trabajar en una imprenta con apenas 17 años, notó que su forma de escribir no estaba a la altura de los libros y periódicos que pasaban por sus manos. En vez de resignarse, tomó ensayos de la revista The Spectator, los reescribió de memoria con sus propias palabras y comparó el resultado con el original para encontrar sus fallos. Repitió ese ejercicio durante meses hasta dominar la estructura y el tono de los textos que admiraba. Musk ha seguido un camino parecido: lee desde los 12 años y asegura haberse enseñado a sí mismo temas como la exploración espacial, combinando lectura con preguntas directas a científicos expertos. Ese método, que hoy se conocería como práctica deliberada, muestra algo simple: escribir bien no es un talento fijo, es una habilidad que se entrena repitiendo y comparando hasta que el error deja de repetirse.

2. Mejorar tu aspecto personal impulsa tu carrera profesional

Franklin buscaba formas de mejorar en todos los frentes desde joven. A los 21 años fundó el Junto, un grupo de artesanos y jóvenes con inquietudes intelectuales que se reunía cada semana para debatir ideas, compartir libros y proponer proyectos útiles para la comunidad de Filadelfia. Cada reunión giraba en torno a preguntas fijas sobre negocios, ciencia y moral, y ese hábito de discusión terminó dando origen a iniciativas como la primera biblioteca pública de la ciudad. El caso de Franklin muestra el valor práctico del networking: rodearte de personas de otros campos amplía tu forma de pensar y abre puertas que trabajando solo no aparecen. Además, ese tipo de espacios entrena habilidades como hablar en público, debatir y afinar una idea a partir de la crítica de otros. Una idea discutida en grupo casi siempre sale más afilada que una pensada en solitario, y eso no sustituye el trabajo individual: lo multiplica.

3. Administra tu tiempo y tu dinero con sabiduría

Isaacson relata que Franklin organizaba cada día en bloques fijos para meditar, hacer ejercicio, trabajar y estudiar, un esquema que documentó él mismo en su autobiografía junto a una lista de trece virtudes que revisaba a diario para medir su progreso. A esa misma disciplina se le atribuye una de sus frases más conocidas: «el tiempo es oro». Con el dinero actuaba igual: buscaba diversificar sus ingresos, pero era cauteloso antes de invertir en algo nuevo. La trayectoria de Musk se parece en el fondo: apostó al largo plazo desde joven, ha tenido éxitos y fracasos sonados, y aun así ha mantenido el control de sus finanzas mientras construye varias empresas a la vez. Ese esquema de bloques fijos es, en el fondo, lo que hoy se conoce como time blocking: asignar una hora concreta a cada tarea para que el día no lo decida la urgencia de turno.

4. Potencia tu carrera con la lectura

Franklin amaba los libros porque le permitían aprender, desarrollar habilidades y ahorrar dinero al mismo tiempo. Un ejemplo puntual: adoptó una dieta vegetariana después de leer un libro sobre el tema, lo que le permitió gastar menos en carnes y alimentos procesados y usar ese dinero en comprar más libros. De Musk se ha contado algo parecido: que de niño devoraba enciclopedias completas y que llegó a leer dos libros al día en su adolescencia. Buena parte de su conocimiento técnico, desde cohetes hasta baterías, viene de esa misma fuente: años de lectura constante en lugar de solo formación formal. En los dos casos la lectura funciona como una educación paralela: no depende de un título ni de un aula, depende de la constancia de abrir el libro al día siguiente.

5. La innovación nace de resolver problemas cotidianos

Franklin creía que los asuntos ordinarios, resueltos por personas comunes, podían mejorar la vida de todos. Por eso inventó cosas tan concretas como la estufa que lleva su nombre, capaz de calentar una casa entera con menos leña, los lentes bifocales, la armónica de cristal y el pararrayos, además de estudiar la naturaleza de la electricidad con su famoso experimento de la cometa. Nunca patentó ninguno de esos inventos: solía decir que, así como él se había beneficiado de los inventos de otros, debía dejar los suyos libres para que cualquiera pudiera usarlos y mejorarlos. Musk parece guiarse por una lógica parecida en cuanto a qué problemas atacar: PayPal resolvió algo tan cotidiano como mover dinero en línea, y Tesla apuntó a la forma en que se genera y se usa la energía. No patentar no fue ingenuidad de Franklin: fue apostar a que una idea vale más cuando más gente puede usarla y mejorarla.

No sorprende que Musk sienta debilidad por las biografías. Son una forma directa de aprender de quienes ya resolvieron problemas parecidos a los tuyos, sin tener que cometer los mismos errores primero.