Desde muy niños nos hicieron creer que tener buenas notas era el inicio de una vida exitosa. Nuestros padres y maestros trataron de establecer una relación directa entre las calificaciones, el éxito y la calidad de vida, pero la realidad terminó siendo otra. Seguro conoces a alguien que era el mejor de la clase y que en su vida adulta resultó un fracaso, y también al revés: alguien de quien nadie esperaba nada y hoy dirige su propio negocio. Eso refleja algo simple: agradar a tus profesores no garantiza que en el futuro puedas dirigir un tribunal o manejar una empresa con éxito.
En el colegio, muchos estudiantes se preocupan por sacar buenas notas no porque les apasione lo que están haciendo, sino porque eso representa la admiración de otros, el agrado de los profesores y la satisfacción de los padres. La verdad es que los colegios cometen muchos errores, y no deberíamos sorprendernos: los programas educativos no están diseñados para enfrentar la vida adulta, y mucho menos para garantizar el éxito. Estos son algunos de esos errores, y lo que puedes hacer para convertirlos a tu favor:
Errores que nos distancian del éxito y como adaptarlos en beneficio propio:
- Considerar que los profesores fueron formados por un conjunto de fuerzas misteriosas y míticas. Si bien fueron educados con teorías antiguas y corrientes filosóficas que han perdurado por siglos, recuerda que la clave del éxito no contempla verdades absolutas. Cuestiona lo que te enseñan, no por falta de respeto, sino porque ese hábito te va a servir toda la vida.
- Creer que ellos te enseñan todas las cosas importantes del mundo y que no hay conocimiento más allá del salón de clases. Por el contrario, exígete a ti mismo —y también a tus profesores— que promuevan el desarrollo de la originalidad y la creatividad. El aula es un punto de partida, no el límite.
- Idolatrar a maestros que solo pretenden que repliques ideas en lugar de promover que tú mismo origines nuevas maneras de pensar. Copiar una fórmula te aprueba un examen; construir tu propio criterio te construye una carrera.
- Seguir profesores que solo pretenden que los estudiantes levanten sus manos y esperen a ser escogidos; que piensen que deben pedirle permiso a otros y que crean que los superiores son los únicos que tienen la razón. Esto los condiciona a creer que si no son la cabeza de la jerarquía deben limitarse a obedecer. Recuerda que el verdadero éxito no se encuentra siguiendo las reglas de otros, sino escribiendo las propias.
- Por lo general, los maestros enseñan de todo menos lo que realmente necesitan aprender los estudiantes. Puede que te expliquen cómo medir la circunferencia de un círculo, lo cual no está mal, pero eso no necesariamente te guía hacia el éxito. Más allá de las fórmulas, aprovecha su experiencia para identificar qué carrera se adecúa a tus gustos y para explotar aquello que de verdad te apasiona.
- Las calificaciones con números hacen que los estudiantes le teman al fracaso, cuando el fracaso debería ser motivación para intentarlo de nuevo. Cada mala nota es información, no una sentencia. Úsala para ajustar el enfoque, no para rendirte.
- Medir a todos los estudiantes con el mismo criterio, sin importar sus intereses o sus ritmos distintos. El sistema premia la uniformidad, y el éxito en la vida real casi siempre viene de lo contrario: de hacer lo que nadie más se atrevió a hacer.
Lo que el colegio no te enseña y debes aprender por tu cuenta
El colegio rara vez enseña educación financiera, cómo manejar el dinero, cómo negociar o cómo levantarte después de una caída. Eso lo tienes que aprender por tu cuenta: leyendo, cometiendo errores y observando a quienes ya lo lograron. Deja de esperar que un programa académico te entregue ese conocimiento en bandeja; no va a pasar.
Trabaja en silencio en las habilidades que nadie califica: la disciplina para sostener un hábito, el enfoque para terminar lo que empiezas y el control mental para no derrumbarte ante el primer no. Esas tres cosas pesan más en tu vida laboral que cualquier promedio de notas, y ningún examen las mide.
Una onza de acción vale más que una tonelada de intención. Puedes pasar años acumulando diplomas y seguir sin construir nada, o puedes empezar hoy mismo un proyecto pequeño, aprender haciendo y corregir el rumbo sobre la marcha. La segunda opción es la que termina construyendo una carrera.
La clave del éxito está en tu mente
Claro que no todos los profesores y colegios son iguales: habrá algunos que sí se interesen por el desarrollo personal de sus estudiantes, y a esos hay que valorarlos. Lo importante aquí es que tú, como estudiante o como quien ya salió del colegio hace años, seas exteriormente obediente e inteligentemente rebelde; y que complementes la educación tradicional con auto-formación en los temas que de verdad te interesan.
Nadie va a llegar a entregarte el conocimiento que necesitas para triunfar. Los que te dicen que algo no es posible están hablando de sus propias limitaciones, no de las tuyas. Así que ve más allá de lo básico que te transmiten en el aula y lucha por alcanzar el éxito con tus propios medios. Controlas tu mente, controlas tu destino, y esa es la única materia que en realidad determina tu futuro.
Fuente: cnbc.com

